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Ciencias

Nuestros datos de hoy, motor del empleo del mañana

En la asignatura de Impacto Ambiental recomiendo a principios de curso dos películas: una es Acción Civil (A Civil Action, de Steven Zaillian, 1998) y la otra, Erin Brockovich (Steven Soderbergh, 2000). Ambas son películas interesantes para plantear la relación que existe entre las personas y los datos.

En general, los seres humanos tendemos a manejar mal las cifras. Trabajar con ellas nos supone gran esfuerzo mental, tiempo de dedicación y una extensa formación para el manejo de los números. Las matemáticas son complicadas y su aprendizaje laborioso.

Nuestra forma natural de abordar un problema es a través de las emociones, los sentimientos y la intuición. Pero esta estrategia no siempre funciona cuando se manejan grandes volúmenes de datos. Dos ejemplos: la sucesión de Goodstein y la conjetura de Collatz. La primera es un algoritmo que, para un número dado, y siguiendo un procedimiento que parece creciente, finaliza siempre en cero. La segunda es otro algoritmo que también parece creciente, pero que, al cabo de varios pasos, finaliza en uno.

La mayor parte de los problemas interesantes que aparecen en la vida son de tipo no lineal y con muchas variables. Las ecuaciones que los representan son extraordinariamente complicadas y hasta hace muy poco no podíamos resolverlas numéricamente. Generábamos respuestas construidas a base de pruebas, de aciertos y errores, de estrategias de supervivencia. Así, con el tiempo, la respuesta se iba optimizando.

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El paraíso de los datos

A diferencia de las personas, los ordenadores manejan muy bien las cifras. Hoy en día, la mayor parte de la información queda registrada en forma de datos, de manera que los sistemas informáticos tienen acceso a más conocimiento sobre nosotros que nosotros mismos.

Todo lo que hacemos genera datos. Actualmente, estamos trabajando en el orden de zettabytes o ZB (un uno seguido de 21 ceros) y somos aproximadamente 7.500 millones de personas. Con una división sencilla, podemos obtener los datos por persona y el resultado es del orden de 100 gigabytes o GB (un uno seguido de 11 ceros) por individuo. Es evidente que la distribución de la información que generamos no es uniforme, pero estos números reflejan la situación actual.

Los datos son un recurso, como el petróleo, el oro, el cobre o la tierra. Pero son un bien diferente a todos los que conocíamos hasta ahora: se pueden duplicar o centuplicar por costes prácticamente insignificantes. Y todos podemos disponer de ellos a la vez.

Los sistemas que utilizan toda esa información que generamos son más seguros que nosotros mismos y, además, nos proporcionan servicios que muchas personas aceptamos de buen grado. Los asistentes de voz, como Siri (de Apple) o Alexa (de Amazon) están teniendo mucho éxito entre los usuarios. Y prácticamente todas las grandes empresas quieren sustituir sus obsoletos centros de llamadas por asistentes de voz con diversas funcionalidades.

El éxito de estos sistemas refleja un comportamiento que subyace en el ser humano y del que muy pocas veces somos conscientes: no nos importa dar mucha información si a cambio obtenemos aquello que deseamos. Si buscamos los síntomas de una enfermedad, una dirección, una persona o el lugar donde estuvimos de vacaciones hace un año, nos proporcionarán aquella información que solicitamos.

Y más allá de los datos que las personas generamos constantemente (a veces, de forma involuntaria), está el fenómeno de la sensorización y el internet de las cosas (IoT), que proporciona mucha otra información relevante sobre nuestro entorno. La sociedad que estamos construyendo es distinta a las anteriores: los nuevos medios tecnológicos nos permiten tener mejores servicios, con mayor eficiencia, con mayor sostenibilidad y cada vez con menor tiempo de espera.

La información como oportunidad

Las redes de datos han generado una revolución en la economía que tiene dos caras. Por una parte, la social: WhatsApp y Twitter han hecho más por la alfabetización digital de la sociedad que ningún programa de formación gubernamental. Y por otra, la laboral: Hay millones de empleos relacionados con el análisis de datos y la generación de servicios basados en esos datos.

Entre muchos otros, un ejemplo, en el área del medio ambiente, es el control de la calidad del aire. Gracias a los sistemas de sensorización de bajo coste podemos monitorizar la calidad del aire en la calles, en las estaciones y en los vagones del metro, en los aparcamientos y en las grandes instalaciones comerciales o de ocio.

Aplicación Aire de Madrid. Ayuntamiento de Madrid
Aplicación Aire de Madrid. Ayuntamiento de Madrid

Luego, utilizando redes de comunicaciones –ya sean redes telefónicas 4G o 5G o redes VLAN–, podemos procesar e interpretar esos datos e informar en tiempo real a los usuarios a través de aplicaciones móviles. De hecho, ya existen algunas herramientas de este tipo, como la desarrollada para la ciudad de Madrid o la aplicación AirACT, creada por la Universidad Politécnica de Cataluña en colaboración con la ONG Ecologistas en Acción.

Hoy, podemos prevenir y responder a las catástrofes naturales utilizando redes de cooperación basadas en la información proporcionada en tiempo real por las personas que se encuentran en las zonas afectadas y la coordinación de profesionales a través de aplicaciones móviles.

La información puede llegar a ser tan útil y positiva como quieran las personas creativas, con talento y capacidad de innovación que sepan aprovecharla.

Uno de los aspectos negativos de todo esto (el que más tensión va a producir en la sociedad) es que los nuevos servicios perjudican a los antiguos. Muchos puestos de trabajo van a desaparecer, tarde o temprano, pero la actitud más inteligente es facilitar que nuestra sociedad desarrolle nuevos servicios. Si no, el día de mañana no solo habrán desaparecido los empleos desfasados, sino que los nuevos llegarán de parte de organizaciones ubicadas en sociedades más abiertas a los cambios y los avances.

Las personas generamos ingentes cantidades de datos, que son un recurso crucial para los empleos del futuro. Favorecer las actividades ligadas a la información que producimos es una necesidad en la sociedad del siglo XXI, sobre todo, si queremos ofrecer oportunidades laborales a los más jóvenes.

Luis Ignacio Hojas Hojas:Profesor Titular. Área Tecnologías del Medio Ambiente., Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

Publicado originalmente en The Conversation.

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Ciencias

Rusos advierten que un asteroide se acerca “peligrosamente” a la Tierra

La Agencia Espacial Roscosmos de Rusia alertó que un asteroide se acerca peligrosamente a la Tierra. Según el informe, tiene entre 10 y 15 metros de diámetro y se aproxima de manera sigilosa.

El cuerpo celeste fue descubierto el 6 de noviembre pasado. Lo primero que llamó la atención es que nunca antes había sido observado. Desde la agencia rusa manifestaron que “se está acercando periódicamente” a la Tierra. Además, según sus cálculos, podría ser peligroso para nuestro planeta.

Desde la Nasa no se expidieron sobre el informe. Sin embargo, en reiteradas oportunidades aclararon que es improbable que un meteorito impacte contra la Tierra en los próximos años.

Fuente: Ámbito.

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Ciencias

«Un dragón congelado del norte»: descubrieron un nuevo dinosaurio volador que habitó Norteamérica hace 77 millones de años

La impresión de un artista de una especie de pterosaurio recién descubierta, Cryodrakon boreas (Foto de David MAAS / fuentes diversas / AFP)

Una nueva especie de pterosaurio, un reptil volador, ha sido identificado en la basta y seca extensión de las tierras baldías de Canadá. El martes, fue bautizado como «Cryodrakon boreas», o «Dragón congelado del norte».PUBLICIDAD

El descubrimiento podría parecer salido de Westeros (quién puede olvidarse de Jon Snow, Rey en el Norte, cabalgando sobre Rhaegal en el cielo de la gélida Invernalia). Pero los fans de «Game of Thrones» no deberían entusiasmarse demasiado: según los investigadores, Cryodrakon se parecía más a una cigüeña reptiliana del tamaño de una jirafa, que al dragón escupe fuego de Daenerys Targaryen.

Los animales carnívoros vivieron en Alberta durante el periodo Cretácico hace unos 77 millones de años, según un estudio publicado en la revista Journal of Vertebrate PaleontologyPodían llegar a medir cuatro metros de altura, y alcanzar una envergadura de hasta nueve metros, medidas que le convierten en uno de los animales más grandes que ha existido en la Tierra. No tenía aparato para masticar, por lo que probablemente comía cualquier alimento lo suficientemente pequeño para bajar por su esófago, incluyendo lagartos, mamíferos y crías de dinosaurio.

Como otros pterosaurios, el Cryodrakon tenía proporciones asimétricas, con un cuello largo, alas enormes, y una cabeza 3.5 veces más larga que su cuerpo. Como dijo un experto, imagina «una cabeza asesina voladora gigante», o «un par de alas que llevan una gran cabeza para engullir cosas».

(Foto: AFP)
(Foto: AFP)
(Foto: AFP)
(Foto: AFP)

Los investigadores explicaron que el nombre del pterosaurio está más inspirado por el paisaje frío de Alberta que por «Game of Thrones», aunque al elegirlo supieron que podían surgir comparaciones.

«Sí, nos reímos mucho por eso», dijo Michael Habib, un paleontólogo de University of Southern California y fan de la serie.

François Therrien, curador de paleocología de dinosaurios en el  Museo de Paleontología Alverta’s Royal Tyrrel, recordó que, si bien la Alberta actual  es conocida por sus duros inviernos, el paisaje que sobrevoló el Cruodrakon durante la última era de los dinosaurios era un paraíso tropical próximo a un mar interior.

Los fósiles utilizados para determinar el holotipo del Cryodrakon fueron descubiertos hace más de 30 años en el Parque Provincial de los Dinosaurios de Alberta, conocido por ser uno de los lugares del mundo con mayor depósito de restos de dinosaurios. Hasta hace poco, sin embargo, se creía que los restos pertenecían a una especie ya conocida de pterosauro, llamada Quetzalcoatlus, descubierta por primera vez en Texas.

Habib, uno de los pocos científicos del mundo que ha trabajado durante años con fósiles de Quetzalcoatlus, dijo que la primera vez que vio al pterosauro canadiense hace cuatro años, tuvo una corazonada y creyó que era algo que no había visto nunca antes. Aunque los huesos de su cuello eran largos como los típicos del Quetzalcoatlus, sus proporciones no encajaban.

Solicitó entonces la ayuda de David Hone, un especialista en taxonomía de pterosauros, -rama de la ciencia que estudia la clasificación de los organismos-. Hone se dio cuenta de que los restos de Alberta estaban excepcionalmente bien preservados. El esqueleto con el que trabajaron los investigadores incluía partes de las alas, las piernas, el cuello y las costillas del animal, una muestra considerable, dijo el experto, dado que los huesos de este tipo de reptiles tienden a ser delgados y frágiles, provocando que se desintegren con el paso del tiempo.

«Este tipo de pterosauro [azhdarchids] es bastante raro, y la mayoría de especímenes son solo un hueso», dijo Habib a SchiTech Daily. «Nuestra nueva especie está formada por un esqueleto parcial. Esto nos da mucho información sobre la anatomía de estos grandes dinosaurios, cómo volaban y cómo vivían».

Hone vivió casi un momento «Eureka» cuando descubrió un patrón particular de agujeros en los fósiles que parecía único, pero les llevó varios años comparar el espécimen con los restos de pterosauros hallados en Mongolia, Francia y otros lugares y confirmar que efectivamente, se trataba de una nueva especie.

Ahora que ellos lo hicieron, las posibilidades de realizar futuras investigaciones son amplias, dijo Therrien.

«Le digo a mis estudiantes todo el tiempo que la taxonomía es la parte más fundamental de la biología», dijo Hone, director del programa de biología de la Universidad Queen Mary en Londre. «Si no sabes la especie que tienes, ¿cómo vas a entender lo demás?»

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Ciencias

La sorprendente foto de un «hongo zombie» que invadió a un escarabajo

En un viaje nocturno a la selva amazónica del Perú, el francés Frank Deschandol tomó la imagen que podría coronarse como la ganadora del concurso «Mejor Fotógrafo de Vida Silvestre del 2019» (WPY, por sus siglas en inglés). En la foto, se observa un hongo que parasitó a un escarabajo.

La fotografía fue capturada cerca de Iquitos, Perú, en la estación biológica Madre Selva y muestra un hongo que ha tomado posesión de un escarabajo.

Lo que parecieran ser sus antenas a simple vista, en realidad son cuerpos fructíferos del hongo zombie, a punto de expulsar sus esporas al viento para dar con nuevas víctimas a ser parasitadas.

Los ganadores del certamen serán anunciados por el Museo de Historia Natural de Londres, el 15 de octubre.

Frank Deschandol (AKA Frank Canon)
Frank Deschandol (AKA Frank Canon)

«Al principio, me preguntaba que podría ser esta cosa extraña, entonces me acerqué y me impresionó mucho esta vista y la perfecta simetría del hongo«, relató a la BBC Deschandol.

Según el autor de la imagen, había visto anteriormente escarabajos parasitados, pero «ninguno en una pose tan fotogénica». Y agregó «la simetría perfecta me hizo pensar en fotografiar al gorgojo desde el frente para que salga alineado el hongo con la cabeza del escarabajo».

«Como el escarabajo estaba muerto e inmóvil, probé una exposición prolongada a la luz del día, evitando que el sol redujera el contraste del fondo«, explicó el fotógrafo que se dedica a tomar fotos profesionales de la naturaleza desde el 2002, y sin filtros, según cuenta en sus redes sociales.

Dendrobátidae o rana venenosa de dardo capturada en uno de sus viajes a Perú (Frank Deschandol)
Dendrobátidae o rana venenosa de dardo capturada en uno de sus viajes a Perú (Frank Deschandol)

Parasitismo

El hongo zombie comparte con el resto de sus congéneres la característica de ser parasitoide. ¿Esto qué significa? Que son organismos cuyas larvas se alimentan y desarrollan en el interior (endoparásitos) o en la superficie (ectoparásitos) del cuerpo de otro artrópodo, es decir aquellos animales invertebrados que cuentan con un exoesqueleto conocido como cutícula: arácnidos, insectos y crustáceos, por ejemplo.

En el caso del hongo que «alquiló» el cuerpo del escarabajo,  se propagó dentro del gorgojo, tomando control químico de la criatura y obligándola a trepar. Al alcanzar la altura deseada por el hongo, el insecto se bloqueó en el tallo hasta su muerte. En el caso de la fotografía de Deschandol, se puede observar que el esmalte se ha ido de los ojos del pobre escarabajo, está muerto.

Las esporas del hongo entran en el cuerpo del insecto a través de la cutícula mediante actividad enzimática donde empiezan a consumir tejidos no vitales. Se expande por el cuerpo de la víctima, hasta llegar al sistema nervioso, donde utiliza mecanismos que aún hoy son desconocidos para los científicos, y allí toman posesión de las funciones motoras del atrópodo al que parasitan.

Hongo parásito
Hongo parásito

Es decir que pueden inducir al insecto a que escale el tallo de una planta y use sus mandíbulas para fijarse al lugar que elijan para pasar a la etapa final de la operación «zombie»: finalmente matan a sus víctimas y continúan creciendo hasta que su micelio o conjunto de hifas (en el caso de este hongo son una especie de antenas) que forman la parte vegetativa de este organismo.

Parte de los micelios salen al exterior, se anclan a la planta mientras secretan antimicrobiales para eliminar la competencia (como en la fotografía de Deschandol) y otros invaden tejidos blandos que refuerzan estructuralmente el exoesqueleto del gorgojo, en este caso.

Finalmente el hongo mata a su huésped, y cuando está preparado para reproducirse, sus esporocarpos crecen de la cabeza de la víctima hasta abrirse, liberando las esporas que, ayudadas por el viento, buscarán a su próxima víctima a ser invadida.

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