Contactenos

Ciencias

La ciencia necesita tiempo para pensar: el movimiento que quiere acabar con la cultura de “publicar o morir”

El ritmo de la producción científica se ha disparado en las últimas décadas. Algunos estudios recientes estiman que hoy existen unas 30 000 revistas que publican al año más de 2 millones y medio de artículos científicos, con un índice de crecimiento anual de un 5%.

La presión constante por publicar (el famoso «publica o muere») fomentada por el exigente sistema de evaluación académico y la mayor competición entre el creciente número de grupos de investigación son algunas de las causas de esta sobreproducción de artículos y revistas. Por otra parte, hay que destacar también la aparición de revistas y congresos «depredadores» con las que algunos investigadores, ávidos por aumentar su número de publicaciones, intentan hinchar sus currículums con contribuciones científicas carentes de rigor y con una escasa revisión por pares.

Oras consecuencias de esta aceleración en la producción científica son el despiece de un mismo estudio científico en el mayor número de artículos posible («salami slicing«), el plagio y la publicación de resultados difíciles de reproducir o incluso erróneos, muchas veces debidos a la precipitación a la hora de publicar.

Frenar la producción científica

En 2010, la Slow Science Academy de Berlín lanzó un manifiesto a favor de desacelerar este ritmo de producción en la ciencia.

«Decimos sí al flujo constante de publicaciones de revistas de revisión por pares y su impacto; decimos sí a la creciente especialización y diversificación en todas las disciplinas. Sin embargo, mantenemos que esto no puede ser todo. La ciencia necesita tiempo para pensar. La ciencia necesita tiempo para leer y tiempo para fallar. La sociedad debería darles a los científicos el tiempo que necesitan, pero lo que es más importante, los científicos deben tomarse su tiempo».

Al igual que los llamados «movimientos por la calma» Slow Food y Slow Fashion, el Slow Science tiene como objetivo que se valore más la calidad de los artículos científicos que su cantidad, para así promover una investigación mucho más reflexiva y pausada.

Una alternativa a la cultura del “publicar o perecer”

«Solo porque contar el número de publicaciones sea una forma fácil y rápida de evaluar la investigación, no significa que sea una buena forma de medir su calidad. La ciencia es un proceso lento, constante y metódico. No debemos esperar que los científicos proporcionen soluciones rápidas a los problemas de la sociedad».

Son palabras de Uta Frith, profesora emérita en el Instituto de Neurociencia Cognitiva del University College de Londres y una de las impulsoras del movimiento Slow Science. Cuenta en uno de sus artículos que, al igual que con la producción de alimentos, la lentitud puede ser una virtud.

Se trata de una forma de mejorar la calidad y una alternativa a la cultura predominante del «publica o muere». Según Frith: «De momento no hay ningún plan a corto plazo, tan solo ir despertando conciencias. Cada vez somos más personas hablando sobre esta idea de manera individual en distintas partes del mundo».

También en España algunos investigadores son conscientes de la necesidad de ralentizar el frenético ritmo de producción científica.

«Creo que la pertinencia de este movimiento se debe, sobre todo, a su apuesta por la convivialidad. Tenemos que enlentecer los procedimientos de la investigación para estar seguros de que nos estamos haciendo las mejores preguntas y eso equivale a escuchar a los concernidos e incorporarlos en la tarea del diseño de las preguntas y en la interpretación de las respuestas».

Así explica la importancia del Slow Science Antonio Lafuente, investigador científico del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC y uno de los impulsores del movimiento en España.

En una de sus charlas, Lafuente recuerda la historia de Stefan Grimm, un profesor de toxicología en el Imperial College de Londres que se quitó la vida en 2014 tras recibir un correo electrónico de sus jefes quienes le exigían mejorar sus métricas académicas y obtener más dinero en proyectos de investigación.

Antes de suicidarse, Grimm envió un correo electrónico a sus compañeros universitarios relatando lo ocurrido.

«Mi jefe, el profesor Martin Wilikins, vino a mi oficina y me preguntó cuántas becas tenía. Después de enumerarlas, me dijeron que no era suficiente y que tendría que dejar la universidad dentro de un año como máximo. La realidad es que estos científicos en lo más alto de la jerarquía solo miran las cifras para juzgar a sus colegas, ya sean factores de impacto o ingresos en subvenciones. Después de todo, ¿cómo puedes convencer a tu jefe de que estás trabajando en algo emocionante si ni siquiera asiste a los seminarios regulares del departamento?».

Los científicos deben tomarse su tiempo

«En 1844, Charles Goodyear describió en una patente la preparación de caucho vulcanizado, uno de los materiales que más se producen actualmente en la industria química. Este gran descubrimiento no fue resultado de una inspiración repentina, sino que llegó después de más de 10 años de experimentos repetidos y resultados fallidos».

La historia la cuenta Jean-François Lutz, investigador del CNRS en el Instituto Charles Sadron de Estrasburgo, en la prestigiosa revista Nature Chemistry. En él critica la rapidez con la que se publican muchos artículos en el campo de la química antes de estar suficientemente maduros.

«Seguramente el Manifiesto de Slow Science no consiga un cambio de ritmo en la ciencia contemporánea. Sin embargo, alienta a los científicos a pensar en cómo trabajan y sobre su papel en la sociedad. Por tanto, cada investigador debería dedicar unos minutos a leerlo y luego sacar sus propias conclusiones. Después de todo, tomarse un tiempo para pensar es, en cierta manera, a lo que todos aspiramos».

Manuel Souto Salom: Investigador postdoctoral Juan de la Cierva en el Instituto de Ciencia Molecular de la Universidad de Valencia (ICMol-UV), Universidad de Valencia.

Fuente: infobae

Continue Reading
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ciencias

Rusos advierten que un asteroide se acerca “peligrosamente” a la Tierra

La Agencia Espacial Roscosmos de Rusia alertó que un asteroide se acerca peligrosamente a la Tierra. Según el informe, tiene entre 10 y 15 metros de diámetro y se aproxima de manera sigilosa.

El cuerpo celeste fue descubierto el 6 de noviembre pasado. Lo primero que llamó la atención es que nunca antes había sido observado. Desde la agencia rusa manifestaron que “se está acercando periódicamente” a la Tierra. Además, según sus cálculos, podría ser peligroso para nuestro planeta.

Desde la Nasa no se expidieron sobre el informe. Sin embargo, en reiteradas oportunidades aclararon que es improbable que un meteorito impacte contra la Tierra en los próximos años.

Fuente: Ámbito.

Continue Reading

Ciencias

«Un dragón congelado del norte»: descubrieron un nuevo dinosaurio volador que habitó Norteamérica hace 77 millones de años

La impresión de un artista de una especie de pterosaurio recién descubierta, Cryodrakon boreas (Foto de David MAAS / fuentes diversas / AFP)

Una nueva especie de pterosaurio, un reptil volador, ha sido identificado en la basta y seca extensión de las tierras baldías de Canadá. El martes, fue bautizado como «Cryodrakon boreas», o «Dragón congelado del norte».PUBLICIDAD

El descubrimiento podría parecer salido de Westeros (quién puede olvidarse de Jon Snow, Rey en el Norte, cabalgando sobre Rhaegal en el cielo de la gélida Invernalia). Pero los fans de «Game of Thrones» no deberían entusiasmarse demasiado: según los investigadores, Cryodrakon se parecía más a una cigüeña reptiliana del tamaño de una jirafa, que al dragón escupe fuego de Daenerys Targaryen.

Los animales carnívoros vivieron en Alberta durante el periodo Cretácico hace unos 77 millones de años, según un estudio publicado en la revista Journal of Vertebrate PaleontologyPodían llegar a medir cuatro metros de altura, y alcanzar una envergadura de hasta nueve metros, medidas que le convierten en uno de los animales más grandes que ha existido en la Tierra. No tenía aparato para masticar, por lo que probablemente comía cualquier alimento lo suficientemente pequeño para bajar por su esófago, incluyendo lagartos, mamíferos y crías de dinosaurio.

Como otros pterosaurios, el Cryodrakon tenía proporciones asimétricas, con un cuello largo, alas enormes, y una cabeza 3.5 veces más larga que su cuerpo. Como dijo un experto, imagina «una cabeza asesina voladora gigante», o «un par de alas que llevan una gran cabeza para engullir cosas».

(Foto: AFP)
(Foto: AFP)
(Foto: AFP)
(Foto: AFP)

Los investigadores explicaron que el nombre del pterosaurio está más inspirado por el paisaje frío de Alberta que por «Game of Thrones», aunque al elegirlo supieron que podían surgir comparaciones.

«Sí, nos reímos mucho por eso», dijo Michael Habib, un paleontólogo de University of Southern California y fan de la serie.

François Therrien, curador de paleocología de dinosaurios en el  Museo de Paleontología Alverta’s Royal Tyrrel, recordó que, si bien la Alberta actual  es conocida por sus duros inviernos, el paisaje que sobrevoló el Cruodrakon durante la última era de los dinosaurios era un paraíso tropical próximo a un mar interior.

Los fósiles utilizados para determinar el holotipo del Cryodrakon fueron descubiertos hace más de 30 años en el Parque Provincial de los Dinosaurios de Alberta, conocido por ser uno de los lugares del mundo con mayor depósito de restos de dinosaurios. Hasta hace poco, sin embargo, se creía que los restos pertenecían a una especie ya conocida de pterosauro, llamada Quetzalcoatlus, descubierta por primera vez en Texas.

Habib, uno de los pocos científicos del mundo que ha trabajado durante años con fósiles de Quetzalcoatlus, dijo que la primera vez que vio al pterosauro canadiense hace cuatro años, tuvo una corazonada y creyó que era algo que no había visto nunca antes. Aunque los huesos de su cuello eran largos como los típicos del Quetzalcoatlus, sus proporciones no encajaban.

Solicitó entonces la ayuda de David Hone, un especialista en taxonomía de pterosauros, -rama de la ciencia que estudia la clasificación de los organismos-. Hone se dio cuenta de que los restos de Alberta estaban excepcionalmente bien preservados. El esqueleto con el que trabajaron los investigadores incluía partes de las alas, las piernas, el cuello y las costillas del animal, una muestra considerable, dijo el experto, dado que los huesos de este tipo de reptiles tienden a ser delgados y frágiles, provocando que se desintegren con el paso del tiempo.

«Este tipo de pterosauro [azhdarchids] es bastante raro, y la mayoría de especímenes son solo un hueso», dijo Habib a SchiTech Daily. «Nuestra nueva especie está formada por un esqueleto parcial. Esto nos da mucho información sobre la anatomía de estos grandes dinosaurios, cómo volaban y cómo vivían».

Hone vivió casi un momento «Eureka» cuando descubrió un patrón particular de agujeros en los fósiles que parecía único, pero les llevó varios años comparar el espécimen con los restos de pterosauros hallados en Mongolia, Francia y otros lugares y confirmar que efectivamente, se trataba de una nueva especie.

Ahora que ellos lo hicieron, las posibilidades de realizar futuras investigaciones son amplias, dijo Therrien.

«Le digo a mis estudiantes todo el tiempo que la taxonomía es la parte más fundamental de la biología», dijo Hone, director del programa de biología de la Universidad Queen Mary en Londre. «Si no sabes la especie que tienes, ¿cómo vas a entender lo demás?»

Continue Reading

Ciencias

La sorprendente foto de un «hongo zombie» que invadió a un escarabajo

En un viaje nocturno a la selva amazónica del Perú, el francés Frank Deschandol tomó la imagen que podría coronarse como la ganadora del concurso «Mejor Fotógrafo de Vida Silvestre del 2019» (WPY, por sus siglas en inglés). En la foto, se observa un hongo que parasitó a un escarabajo.

La fotografía fue capturada cerca de Iquitos, Perú, en la estación biológica Madre Selva y muestra un hongo que ha tomado posesión de un escarabajo.

Lo que parecieran ser sus antenas a simple vista, en realidad son cuerpos fructíferos del hongo zombie, a punto de expulsar sus esporas al viento para dar con nuevas víctimas a ser parasitadas.

Los ganadores del certamen serán anunciados por el Museo de Historia Natural de Londres, el 15 de octubre.

Frank Deschandol (AKA Frank Canon)
Frank Deschandol (AKA Frank Canon)

«Al principio, me preguntaba que podría ser esta cosa extraña, entonces me acerqué y me impresionó mucho esta vista y la perfecta simetría del hongo«, relató a la BBC Deschandol.

Según el autor de la imagen, había visto anteriormente escarabajos parasitados, pero «ninguno en una pose tan fotogénica». Y agregó «la simetría perfecta me hizo pensar en fotografiar al gorgojo desde el frente para que salga alineado el hongo con la cabeza del escarabajo».

«Como el escarabajo estaba muerto e inmóvil, probé una exposición prolongada a la luz del día, evitando que el sol redujera el contraste del fondo«, explicó el fotógrafo que se dedica a tomar fotos profesionales de la naturaleza desde el 2002, y sin filtros, según cuenta en sus redes sociales.

Dendrobátidae o rana venenosa de dardo capturada en uno de sus viajes a Perú (Frank Deschandol)
Dendrobátidae o rana venenosa de dardo capturada en uno de sus viajes a Perú (Frank Deschandol)

Parasitismo

El hongo zombie comparte con el resto de sus congéneres la característica de ser parasitoide. ¿Esto qué significa? Que son organismos cuyas larvas se alimentan y desarrollan en el interior (endoparásitos) o en la superficie (ectoparásitos) del cuerpo de otro artrópodo, es decir aquellos animales invertebrados que cuentan con un exoesqueleto conocido como cutícula: arácnidos, insectos y crustáceos, por ejemplo.

En el caso del hongo que «alquiló» el cuerpo del escarabajo,  se propagó dentro del gorgojo, tomando control químico de la criatura y obligándola a trepar. Al alcanzar la altura deseada por el hongo, el insecto se bloqueó en el tallo hasta su muerte. En el caso de la fotografía de Deschandol, se puede observar que el esmalte se ha ido de los ojos del pobre escarabajo, está muerto.

Las esporas del hongo entran en el cuerpo del insecto a través de la cutícula mediante actividad enzimática donde empiezan a consumir tejidos no vitales. Se expande por el cuerpo de la víctima, hasta llegar al sistema nervioso, donde utiliza mecanismos que aún hoy son desconocidos para los científicos, y allí toman posesión de las funciones motoras del atrópodo al que parasitan.

Hongo parásito
Hongo parásito

Es decir que pueden inducir al insecto a que escale el tallo de una planta y use sus mandíbulas para fijarse al lugar que elijan para pasar a la etapa final de la operación «zombie»: finalmente matan a sus víctimas y continúan creciendo hasta que su micelio o conjunto de hifas (en el caso de este hongo son una especie de antenas) que forman la parte vegetativa de este organismo.

Parte de los micelios salen al exterior, se anclan a la planta mientras secretan antimicrobiales para eliminar la competencia (como en la fotografía de Deschandol) y otros invaden tejidos blandos que refuerzan estructuralmente el exoesqueleto del gorgojo, en este caso.

Finalmente el hongo mata a su huésped, y cuando está preparado para reproducirse, sus esporocarpos crecen de la cabeza de la víctima hasta abrirse, liberando las esporas que, ayudadas por el viento, buscarán a su próxima víctima a ser invadida.

Continue Reading

Trending

Tel.: 0800-777-7492 | info@andresitoya.com.ar | Comandante Andresito | Misiones | Argentina | Copyright ©2019 Todos los Derechos Reservados